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Los edificios pasivos utilizan recursos de la arquitectura bioclimática compaginada con una gran eficiencia energética. Una casa pasiva está edificada reduciendo el uso de los sistemas tradicionales de calefacción y refrigeración. Son viviendas ideadas para exprimir al máximo la luz y la radiación solar con un alto grado de aislamiento de la envolvente sin puentes térmicos, y una buena estanqueidad del aire exterior de toda la edificación con carpinterías de alta eficacia energética, para así asegurar la mínima petición energética que, más adelante, se perfeccionará con la correcta selección de los sistemas activos más competentes de colaboración en la energía natural.

Sin embargo, ¿cómo se obtiene tal proyecto? Y, sobre todo, ¿es preciso sacrificar la comodidad que ha logrado nuestra población en los últimos tiempos?

casa pasiva

La clave se sitúa en un ejemplo de casa autosuficiente que precisa la energía mínima para afianzar las facilidades del siglo XXI. Por consiguiente, ésta unión de planificaciones arquitectónicas coinciden en una serie de fundamentos que te exponemos si continúas leyendo:

  • Estructura bioclimática: La finalidad de cualquier proyecto arquitectónico es facilitar el bienestar a sus ocupantes.
  • Favorece la captación solar: Realiza un estudio del clima del lugar, se traslada a la casa en forma de fachada optimizada.
  • Beneficio de la inercia térmica: Es la habilidad de ciertos fundamentos, arquitectónicos en este caso, para acumular calor, resguardarlo y liberarlo de una forma progresiva dejando un menor empleo de sistemas mecánicos de calefacción hasta de refrigeración
  • Aumentar el aislamiento: Un buen aislamiento aminora la carencia de calor en invierno y rendimiento en verano y, por lo cual, la petición de energía para climatización.
  • Conseguir la estanqueidad al aire: Sellando todas las uniones entre los distintos materiales del bloque.
  • Garantizar la ventilación cruzada: El sistema admite modificaciones continuas de aire dentro del edificio, renovándose y aun así, menguando apreciablemente la temperatura interna
  • Invertir en ventanas de alta calidad: Una buena calidad de las mismas y una correcta instalación es fundamental para una alta eficiencia energética. Una ventana de altas prestaciones deja el frío fuera y mantiene el calor en la vivienda, haciendo lo contrario en verano. Esto hace que el vapor de agua del ambiente no se condense en los vidrios y marcos impidiendo condensaciones, humedades, moho, etc.
  • Elude los puentes térmicos: Una capa de aislamiento duradera, sin intervalos y sin degeneración evita los puentes térmicos, tan usuales en las casas tradicionales y que causan una gran parte de las pérdidas de calor en los edificios.
  • Emplear el efecto invernadero: El motivo principal es aminorar o incluso suprimir la sujeción energética de una vivienda con sistemas artificiales. Se inspecciona el lucrarse, de forma eficaz, las contribuciones energéticas naturales a los que está sujeta una casa y tramitarlo de forma eficaz.
  • Eficiencia, sostenibilidad y rentabilidad: Eficiente por el bajo consumo energético y, como resultado, económico. Sostenible por el CO2 que deja de expulsar una vivienda pasiva.

Para considerar el precio real de una vivienda pasiva tenemos que conocer los costes de su construcción, técnicos y sus beneficios relacionados con todos los aspectos y así, conseguir el tiempo de amortización preciso para recuperar la inversión del sobrecoste que se ha originado. Hay que tener en cuenta que el ahorro de energía que nos proporciona este tipo de viviendas permite amortizar la inversión.